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lunes, 13 de octubre de 2025

DEPECHE MODE, 20 años de "Playing the Angel" (2005)

 

Martin L. Gore, Dave Gahan, Alan Wilder y Andrew Fletcher fueron la alineación titular de los DEPECHE MODE hasta que finalizó el Exotic Tour (1994), extensión de una de las giras más brutales de la historia, el Devotional Tour (1993), en la que se presentaba el demoledor Songs of Faith and Devotion (1993). Entre los daños colaterales derivados de esa gira, el más irreversible fue la dolorosa salida del grupo de Alan Wilder, pieza fundamental en el ADN del sonido de la banda desde su entrada en 1982 sustituyendo al miembro fundador Vince Clarke. 

Tras la recuperación de Dave de sus graves problemas de adicción vuelven como trio con Ultra (1997) y luego Exciter (2001), dos álbumes aceptables pero claramente inferiores a la media, sobre todo en comparación a sus tres precedentes. 

La ausencia de Wilder fue complicada de digerir, aún se nos hace bola, además viendo los trabajos inmediatamente posteriores de la formación era más evidente la magnitud de la pérdida. 

Con este contexto el 17 de octubre de 2005 DEPECHE MODE publican el undécimo álbum de estudio Playing the Angel, un puñetazo encima de la mesa de los de Basildon. Estamos ante su mejor trabajo de lo que llevamos de siglo XXI, ahora ya con la consolidación de la estrecha colaboración de dos miembros más en la recámara: Christian Eigner (batería) y Peter Gordeno (teclista). Además por primera vez Dave Gahan interviene en la co-autoria de canciones, concretamente en tres junto a Eigner y Andrew Phillpott, equipo con el que arrancó su carrera paralela en solitario. Fue producido por Ben Hillier, una asociación que perduraría en los dos futuros discos. 


El quinteto de cortes que arrancan Playing the Angel es desarmante. "A Pain That I'm Used To" arrolla desde su ensordecedora intro. Con una sugerente estrofa y ese estribillo que va desbocándose hasta explotar con esa especie de estruendo industrial que a la vez presenta el tema. Descarada, fresca, ilusionante. Y no bajamos el nivel de intensidad que llega la pegada de "John the Revelator", un blues electrónico y distorsionado, menuda locura. Seguimos con el aura industrial, aquí más retorcido. Inspirada en la original del norteamericano "Blind" Willie Johnson (1930) es la primera de las cuatro canciones en las que aparece la palabra "angel", contenida en el título del trabajo.

"Suffer Well" es una de las que firma Gahan en el álbum, single indiscutible del mismo, clásico instantáneo. Debatiéndose entre la elegancia y la oscuridad con ese halo bailable y el riff guitarrero marcado a fuego. Autobiográfica, solo hace falta ver su espléndido videoclip (insertado a pie de página). Llevamos tres temas y tres singles indiscutibles, inmejorable empiece.

Rebajamos un pelín el nivel de magnetismo con "The Sinner in Me" aunque no te lleves a engaño, este medio tiempo lleva sorpresa incorporada. Un nervio latente que traspasa, casi puedes notar su descarga. Finalmente se quita la careta en el salvaje último minuto y medio en el que guitarra y programación se asocian en un estallido electrizante.   

Volvemos al redil de la excelencia más absoluta con la conmovedora "Precious", si te fijas en las reproducciones en streaming se situa entre las cinco top de la banda. DEPECHE MODE recuperan el ambiente más sintético de sus primeros álbumes con riff y loop de teclados que se van entrelazando hasta presentar el sugestivo estribillo. El riff parece golpeado en vez de tocado y el loop es puro terciopelo, pero a la vez se complementan de maravilla. Aunque la cante Dave este corte se lo dedica Martin a sus hijos envueltos en el divorcio de la pareja.

Mr. Gore coge el micro en "Macro", no pretendía hacer un juego de palabras, salió solo. Enigmática, hipnótica. De naturaleza electrónica aumenta su densidad brumosa en el estribillo hasta que llegando al ocaso reivinca lo analógico a partir de unos acordes guitarreros.


La balada "I Want It All" es uno de los temas más sorprendentes del álbum. Surtida de recovecos con unas programaciones tan imprevisibles como audaces. La segunda con Gahan involucrado en su composición nos hace levitar durante sus seis minutos de cadencia trip-hop.

"Nothing's Impossible" cierra el trio de cortes no manufacturados por Martin, aunque aquí su guitarra tenga cierto protagonismo, con un envoltorio tenebroso no excento de ritmo impuesto por su marcial base. En el minuto tres sube una marcha más en el desarrollo culminando su hechizo amoroso.

El interludio instrumental lo pone la fantasmal "Introspectre" llevándonos de la mano hacia "Damaged People". Martin se desgañita dando voz en delay, emulando hábilmente a un coro, a la "gente dañada" en un emotivo corte electroacústico. Nos despertamos de este letargo sombrío con "Lilian" y su embrujo bailable, aunque sea con lágrimas de desamor en los ojos. Esos delicados acordes guitarreros me matan del gusto. Todo y con eso su potencial de hit queda empañado por una producción poco arriesgada.

En la segunda frase de "The Darkest Star" aparece el título del disco, uno que finiquita con este frondoso darkwave de casi siete minutos de duración, un amago de sinfonía. Tétricas notas al aire de piano y los coros de Martin intentan abrirse paso por entre sus pasadizos. Broche de oro para un Playing the Angel que desenterró a los DEPECHE MODE más inspirados.

viernes, 24 de marzo de 2023

"Memento Mori", ¿el último baile de los DEPECHE MODE?


DEPECHE MODE desde el Playing the Angel (2005) habían lanzado 3 álbumes a cual menos trascendente, con sus correspondientes giras mundiales además de publicación de cajas recopilatorias de singles, remixes, reediciones etc. Parecía que lo que se pretendía, más allá que crear nuevo material relevante, era mullir bien la vaca mientras haya fans con poder adquisitivo suficiente como para gastarse la pasta con todo lo que huela a la banda de Basildon.

Tras el duro golpe del fallecimiento de Andy Fletcher en mayo del año pasado se llegó a especular sobre la continuidad de la banda. Si además sumamos que los otros dos miembros fundadores, Dave Gahan y Martin L. Gore, ya entraron en la sesentena y que tienen proyectos en solitario paralelos al grupo, no era descabellado que flotara en el ambiente un posible punto y final. Pues por el momento va a ser que no ya que tras 6 años desde su anterior referencia, ha visto la luz el decimoquinto álbum de los Depeche, Memento Mori (Columbia Records, 2023).


Los avances del disco eran ilusionantes con la pegada del medio tiempo electrónico "Ghosts Again" (videoclip insertado a pie de página) y la crudeza arrebatadora de "My Cosmos is Mine". 

He de reconocer que la primera impresión tras la escucha de Memento Mori fue de decepción ante lo que parecía una nueva oportunidad perdida de los británicos de presentar un álbum con calidad de acorde a su leyenda. Luego, con las siguientes degustaciones, ese sentimiento ha ido derivando inusitadamente hacia terrenos más condescendientes de acorde a un análisis más sereno y contextualizado del conjunto del trabajo. 

El fichaje de la ingeniera italiana Marta Salogni echando una mano al productor James Ford, que también lo fuera del Spirit (2017), junto a la incorporación al equipo del cantante de los THE PSYCHEDELIC FURS Richard Butler para componer mano a mano algunos de los temas de Martin, han aportado con su grano de arena en pos de cambiar la dinámica discreta en lo compositivo de esta última época de DEPECHE MODE. 

Memento Mori es el mejor disco de calle de los británicos desde el mencionado Playing the Angel con momentos memorables como los dos cortes mencionados anteriormente; el ligero kautrock de "Wagging Tongue"; la hermosura desgarrada de "Don't Say You Love Me", que bien podría haber salido perfectamente de una nueva colaboración de Dave Gahan con los SOULSAVERS; "Soul With Me", ese conato de canción ligera disfrazada de balada marca de la casa interpretada por Mr. Gore; y la tan sentimental como desarmante "Always You", con unos mantos de sintetizadores que parecen ejercer de perfecto edredón bajo el cual dar rienda suelta a la pasión más desatada.

Poniéndonos quisquillosos creo que el álbum reducido a 10 canciones exhibiría aún más músculo. Hubiera descartado la desconcertante "Caroline's Monkey" y su dudoso estribillo con un <<sometimes>> que nos evoca al del "Clean" de Violator (1990). También la frankestein "People Are Good", pese al sugestivo riff de sintes, parece como hecha de retales con loops célebres de la banda, empezando dichas reminiscencias por su título, con resultado global excesivamente aséptico en relación a sus compañeras de reparto.

Del resto de las pistas que componen Memento Mori hay algo común en mínimo tres casos y es que teniendo un potencial estratosférico no alcanzan por detalles la matrícula de honor: "My Favourite Stranger", "Before We Drown" y "Never Let Me Go". La primera, con esa imperial e hipnótica línia de bajo sintético, demandando desesperadamente un estribillo o break que le ponga el lazo de regalo. A la segunda le falta un extra de riesgo y aventura, quizás un Alan Wilder hubiera culminado el proceso. En el tercer caso el puente tras la primera aparición del estribillo deja tocado a un corte que apuntava maneras, aunque consiga rearmarse gracias al embrujo constante de esas afiladas guitarras procesadas .

miércoles, 15 de marzo de 2023

DEPECHE MODE, 30 años del demoledor "Songs of Faith and Devotion" (1993)

 

El año 1992 fue un año grande para España con acontecimientos de alto calado internacional como las Olimpiadas de Barcelona o la Exposición Universal de Sevilla. Madrid también tenía que albergar su efeméride aunque fuera, digamos, de naturaleza más alternativa.

Martin L. Gore (sintes y guitarra) , Dave Gahan (voz), Alan Wilder (sintes y programación) y Andy Fletcher (sintes), los DEPECHE MODE, tenían un método de trabajo muy claro para la elaboración de cada nuevo álbum: Martin pasaba sus maquetas al resto de componentes que consensuaban las canciones que más les gustaban y a partir de allí se vería como desarrollarlas en el estudio. En el 92 para la gestación de su nuevo disco adoptaron la forma de trabajar que el productor Flood había aplicado con los U2 para el esplendoroso Achtung Baby (1991). La cosa iba de encontrar un lugar apartado para convivir en familia a la par que ir grabando el disco. Se decidió que la capital hispana sería el mejor lugar, montando un estudio desde cero en un chalet de la exclusiva urbanización de La Moraleja.

La gira World Violation, en el que los de Basildon presentaban en directo su exitoso Violator (1990), duró desde el 22/03/90 hasta el 27/11 del mismo año. Desde entonces el cuarteto no se había vuelto a ver, ni prácticamente tener contacto telefónico hasta febrero de 1992 que se reencontraron en un bar de Londres junto a Flood, un día antes de partir hacia la capital española. El frontman Dave había estado de picos pardos en Los Angeles y venía escuálido, con el pelo largo y perilla, repleto de tatuajes, adicto a la heroína y al grunge y rock alternativo de gente como Nirvana o Jane's Adiction. Parecían cuatro desconocidos, la camaradería y buen rollo de antaño se había esfumado y la cosa no iba a ir a mejor. 


Hay muchos ejemplos en la historia de la música de trabajos que han tenido un proceso de grabación espinoso y que finalmente han resultado gloriosos como el Rumours de Fleetwood Mac, el The Wall de Pink Floyd o el Let it Be de The Beatles. Pues bien, el Songs of Faith and Devotion (Mute Records, 1993) les iría a la zaga en un supuesto ranking de gestación "complicada" de discos.

Las tensiones empezaron por el tema estilístico. Dave venía con el antojo de una evolución de los Depeche hacia terrenos más roqueros, aunque nadie más en la banda compartiera su enfoque. Alan era el que menos reticencias ponía al tema ya que tenía el run run de dar un toque más orgánico al empaque, como con la incorporación de la batería convencional. Martin y Fletcher se negaban en redondo, aunque en Violator haya un "Personal Jesus" que quizás dejaba entrever esa inminente tendencia hacia sonidos más viscerales. Como productor e individuo neutral el único que podía poner orden era Flood y eso que apunto estuvo de abandonar el proyecto al verse sobrepasado por las circunstancias.

La responsabilidad tras un disco tan relevante como Violator era máxima, sobre todo para Martin, compositor de todos los temas por entonces, lo que le iba desgastando física y mentalmente, empezando en Madrid a crear amistad con al alcohol para ir sobrellevándolo. Dave, que seguía enganchado al caballo, cuando no desaparecía varios días se pasaba horas encerrado en su habitación, pintando con su rollo místico/lisérgico, para colaborar haciendo las voces en el crepúsculo de la jornada. Alan estaba entre absorto en el trabajo y hasta los huevos del ambiente reinante. Como remate final el binomio Gore (creador) y Wilder (culminador), la engrasada maquinaria que manufacturaba los hits de la banda, gozaban de una comunicación prácticamente inexistente.


Quizás fuera el cúmulo de dificultades lo que les agudizó el ingenio hasta tal punto de ser capaces de lanzar el 22 de marzo de 1993 el rompedor Songs of Faih and Devotion. Un álbum que les posicionó para la eternidad como referentes del rock electrónico y que arranca con el poderío salvaje de "I Feel You" y su riff de guitarra blusera dándose de ostias con una apabullante electrónica. La batería no pone paz sino que echa más leña a este fuego de intensidad sonora que fuera single avance del álbum.

La intensa "Walking in My Shoes", siendo fiel al orden de aparición en el disco, fue también segundo single del mismo. Se pide un poco de comprensión, "ponte en mi lugar", en una letra, como en otros pasajes del álbum, que parece estar inspirada en el momento vital de Mr. Gahan. Ese riff de piano distorsionado, una cadenciosa base de percusión inyectando poso bailable al tema, la guitarra eléctrica que, tanto vomita cuchillas como nos emociona con su embriagador ocaso, los sutiles arreglos sinfónicos... En fin, una barbaridad de corte y llevamos dos de dos.  

"Condemnation" es una de las pistas más sorprendentes del conjunto con esa inesperada deriva hacia el gospel del cuarteto. Se dice que Dave alcanzó su cúspide interpretativa vocal y no puedo estar más de acuerdo. En el videoclip, insertado a pie de página junto a los de los otros tres singles, se le presenta a modo de mesías lo que, junto a su sonoridad, agranda si cabe la aureola espiritual que desprende el álbum. Tercer tema del disco e idéntica posición en su lanzamiento como sencillo. 

En "Mercy in You" se pide prácticamente la absolución de nuestros pecados al ritmo de un loop trip-hopero acelerado como base, junto al procesado armónico de los coros, como si de otro instrumento se tratase, y un tan afilado como fantasmal riff guitarrero. La santísima trinidad sobre la que se cimienta otro acierto del cuartero británico.

Un invitado sorpresa entra en escena en forma de gaita irlandesa con "Judas". Corte desarmante donde los hubiera en el que Martin nos depura definitivamente no sin dejarnos con un regusto inquietante a través de su lúgubre cierre instrumental.

"In Your Room", cuarto single del álbum, deslumbra desde la monumental intro, acompañándonos con su épica hacia el abismo. Supurando desesperación por sus seis minutos y medio de duración, quizás la acumulada en la reciente mala relación entre los componentes de la banda. Hacia el ecuador del tema la sentenciadora batería, a modo de ángel exterminador, intensifica más si cabe su poderío hipnótico, viciando hasta el extremo la asfixiante atmósfera reinante.

Un balsámico gospel entra en escena a través de "Get Right With Me", obsequiándonos con un abrazo más que necesario en este punto de escucha. Dave Gahan junto a las coristas Bazil Meade, Hildia Campbell y Samantha Smith nos deleitan con sus vozarrones vistiendo una sugestiva base electrónica en el corte más "amable" del conjunto. Las dos últimas se unieron al grupo en la gira del álbum.

En la trepidante "Rush" si parpadeas te lo pierdes, con esa barroca producción armada de riffs guitarreros procesados, loops de sintes y batería desbocada. Por si fuera poco asistimos a una sugerente pausa rondando el segundo minuto, para poder coger aire y seguir con esa temeraria travesía de lujuria y deseo cuesta abajo hasta el final.

La nota minimalista del álbum la pone "One Caress", con la voz de Martin secundando un séquito de violines a modo de canto de sirena que nos tiente hacia el precipicio.

"Higher Love" era la canción que abría los conciertos de la gira del álbum, el Devotional Tour. Al halo que desprende, entre etéreo y misterioso, se le añadía que la banda empezaba cada noche agazapada tras unas traslúcidas cortinas. Todo bien dispuesto para hacernos testigos de un espectáculo descomunal, en todos los sentidos. Doy fe al ser una de las afortunadas almas que llenamos el 17 de julio de 1993 el Palau Sant Jordi de Barcelona .