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lunes, 7 de octubre de 2019

LEÓN BENAVENTE - "Vamos a volvernos locos" (Warner Music Spain, 19)

Había una vez un asturiano a la guitarra eléctrica (Luis Rodríguez), un gallego como voz y a los sintes (Abraham Boba), un murciano a la batería (César Verdú) y un aragonés al bajo (Eduardo Baos). Ni es el comienzo de un cuento ni de un chiste, es la alineación de una de las bandas más tremendas del panorama estatal actual. En marcha desde el 2012, con dos EP's y tres álbumes de estudio, LEÓN BENAVENTE confirman su estado de gracia con Vamos a volvernos locos (Warner Music Spain, 19).

Con un arranque de trabajo como "Cuatro monos" poca duda cabe que lo que viene se presenta enorme. Seis minutos incontestables, un tempo increscendo; con una primera parte delicada, fraguando la inminente erupción del volcán. A partir de su ecuador rebosa toda la lava de contundencia de la banda, con el repertorio kraut psicodélico que nos tiene acostumados cuando se nos desmelena. Una canción que serviría perfectamente como carta de presentación para quien no los hubiera escuchado hasta la fecha, tanto musicalmente como por su lírica.

El medio tiempo turbador "Amo" cuenta con la colaboración de Eva Amaral en su marcial estribillo. Poso hip-hopero, rotundos acordes guitarreros y ciertos aires orientales revoloteando por ahí. Le sigue "No hay miedo", la primera propuesta del trabajo que hará que te contornees. No podrás dejar de corear la frase titular en su estribillo, pide a gritos ser bailada en concierto.

El que fuera primer avance del disco "Como la piedra que flota" (clip al final del post) junto a María Arnal, conteniendo entre su letra la frase con que se da título al mismo. Inquietante y arrebatadora, con un desarrollo sinuoso, propio de las relaciones sentimentales a las que refiere.

A "La canción del daño" hay que darle de comer aparte. Maravillosa y agridulce como ella sola. Hacia el minuto 3:30" parece que vaya culminando hacia el desboque aunque en una finta inesperada vuelva a recuperar su aparente languidez. No sabía decir si reconforta o remueve, quizás ambas.

Cuando LEÓN BENAVENTE sueltan al crápula que llevan dentro es inevitable, pasa lo que pasa y "Ayer salí" es su crónica, con efectos secundarios incluidos. Otra bestia de corte que en directo mostrará sin filtro todo su salvajismo.

El lado más amable del grupo sale a relucir en "Mano de santo". Miren Iza pone la guinda a los coros de un tema con bases percutoras y resultado final más que reparador. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta su título. En cambio "Disparando a los caballos" es puro salvajismo, volviendo al símil con su nombre, corceles totalmente desbocados. La caja de ritmos se funde con una contundente batería a modo de combustible para un corte brutal.

lunes, 23 de septiembre de 2019

THOM YORKE - "Anima" (XL Recordings, 19)

Tras la publicación en solitario de los tibios The Eraser (2006), Tomorrow’s Modern Boxes (2014) y la reciente B.S.O. para le peli Suspiria (2018), THOM YORKE lanza Anima (XL Recordings, 19). Con la colaboración del productor Nigel Godrich, el álbum se erige majestuoso como la obra cumbre de su carrera en solitario. Un trabajo tan depresivo, oscuro e inquietante como cautivador, hiptónico y adictivo.

Como siempre el líder de RADIOHEAD se ha envuelto del aire de misterio e innovación que le viene intrínseco de fábrica. Para el anuncio de su presente disco se sirvió de una campaña publicitaria a través de la empresa ficticia Anima Technologies y un número de teléfono que respondía con el comunicado de un boicot a la misma por parte de las autoridades pertinentes.

El "Anima" según el psicoanalista suizo Carl Gustav Jung es, sintetizando, algo así como el aspecto femenino interno del hombre. No acabamos de pillarle la conexión con el concepto del álbum, al menos de primeras, más bien lo relacionaríamos estrechamente con el término en catalán "Ànima", "Alma" en castellano. Porque de "Alma" este trabajo viene sobrado, con una lírica pesimista bordeando lo apocalíptico, vestida de electrónica minimalista; dominando las texturas ambient, drum'n'bass y trance

THOM YORKE donde en sus anteriores trabajos se dispersaba entre loops interminables y machacones esta vez aprovecha el transcurso de cada corte hasta su último aliento, sorprendiendo, transformando y enriqueciendo la escucha.

Desde el arranque con el arrebatador y bailable "Traffic", vemos que tenemos algo grande entre manos. Envolventes cajas de ritmos emulando ritmos marciales, fusionándose con otros de naturaleza más orgánica, incluso sensual, pura magia. Con "Last I Heard (... He was circling the Drain)" sigue hipnotizando al personal con un loop armonioso de base copado por densas tramas y el falsete omnipresente del británico, junto a unos místicos sintes a modo de guinda. 


Bueno, bueno, llega "Twist" y con ella la vuelta de sensaciones abocadas al baile o al menos al meneito involuntario de algún que otro músculo de tu cuerpo, no podrás resistirte. Siete minutos con una primera mitad de drum'n'bass narcótico derivando inesperadamente a terrenos ambient, consiguiendo que levites del gusto.   

"Dawn Chorus" es la emotividad al cuadrado. Solo cuatro acordes de sintes, suficiente para engendrar una atmósfera tan minimalista como brutalmente bella. Después de tanta emoción llega la canción más disonante del conjunto "I Am a Very Rude Person", con un groove sutilmente funk que nos sirve para rebajar los niveles reinantes de intensidad y sensibilidad.