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lunes, 28 de septiembre de 2026

JULIO DE LA ROSA - "Las malas hierbas" (Ernie Records, 2026)


JULIO DE LA ROSA (Jerez de la Frontera, 1972) lleva una de las carreras más estimulantes y prolíficas del siglo 21 protagonizado por un músico estatal. Ya empezó en el ocaso de la anterior centuria a dar muestras de su talento como integrante del grupo El Hombre Burbuja (1995-2002). Luego se afianzó en solitario alternando discos convencionales con bandas sonoras para películas y series, varias nominaciones al Goya incluidas, habiéndolo ganado en 2015 por La Isla Mínima. Un creador multidisciplinar ya que además de compositor, multi-instrumentista, cantante y productor discográfico toca otras facetas artísticas como la de escritor, fotógrafo, realizador, etc.

Las malas hierbas (Ernie Records, 2026) es su nuevo trabajo con título originado tras un entrañable suceso. Resulta que leyendo a su hija pequeña El libro de la selva apareció la frase «te enseñaré a reconocer todas las flores del mundo». Julio enseguida le incorporó un: "y también las malas hierbas". Algo así como el tic protector paternal siempre listo para activarse como un resorte. 

El disco circula entre el vínculo humano con las fricciones y sentimientos que se derivan. Abre su puerta con la fascinación de "Mala hierba", arreglos de cuerdas incluidos. Recelo y resquemor servido con fuerte carga poética, una que por su cadencia parece que más que cantada aquí es recitada o incluso rapeada. 

Foto de María López

"El no por delante" retrata la figura del hipócrita de turno con un clarinete omnipresente y la base rítmica repartiendo flow por los cuatro costados, incitando incluso a un apocado bailoteo. Nos ponemos el smoking que viene "Felonía" con ese sutil piano inyectando elegancia a otro corte exquisito del jerezano. Aunque se trate de una sugestiva balada no hay lugar para la distensión, la traición se huele en el ambiente.

Con este álbum de paso aprenderemos vocabulario, un dos por uno en toda regla, es el caso de "Pamema". Según el Diccionario de la Lengua Española la palabra se usa para hablar de algo sin importancia a lo que se da mucha atención. Bajo una coraza de luminosidad la canción esconde un relato rebosante de decepción.

Una "Perorata" es un discurso largo, denso e intrascendente. En lo referente al que fuera primer single avance del álbum, ni nos aburre ni nos molesta, todo lo contrario. Esos magnéticos sintes presentando el <<Para qué para qué para qué>> se marcan a fuego en el subconsciente. Brillante cierre para la cara A del vinilo, cinco cortes que mantienen la escucha en un nivel de excelencia.

En la intimista "La silla de las fieras" conmueve su agridulce naturaleza mientras que "Tempora de perdices" juega al despiste con esa disonancia entre los teclados brumosos y la vivaracha percusión. 

"La lata", con su grandilocuente inicio incorporado, transcurre por entre campos de euforia contenida arrancándonos de golpe la inquietud heredada de los anteriores cortes.
 
Su pareja Helena Goch colabora en la encantadora "Teruel" con esa base trip-hopera y arreglos orquestales armando un tema que lucha por creer en las segundas oportunidades.

lunes, 21 de septiembre de 2026

THE SMITHS, 40 años de una luz que nunca se apaga: "The Queen is Dead" (Rough Trade, 1986)


Bienvenidos/as a la Gran Bretaña de mediados de los 80 de la mano de los THE SMITHS, una de las formaciones más estimulantes y relevantes de la historia del rock. Con el record oficioso de hiperactividad puesto que durante los cinco años que estuvieron en activo (1982-1987) publicaron multitud de singles, 4 discos de estudio y 3 recopilatorios. Antes de entrar en materia con el disco que nos ocupa haremos una introducción express a la historia fundacional de la banda.

THE SMITHS emergió en el verano de 1982 en Manchester. El guitarrista Johnny Marr estaba buscando personal para formar una banda cuando escuchó hablar de un tal Steven Patrick Morrissey, un chico cinco años mayor que él que vivía cerca de su casa y que tenía una manera de escribir particular, aunque le advirtieron que era difícil de tratar. Se refugiaba en la literatura (especialmente con Oscar Wilde, a quien le haría más de un homenaje a sus canciones) y ya era conocido en algunos círculos de la ciudad por haber participado en la banda punk The Nosebleeds y por ejercer ocasionalmente de periodista musical.

Posteriormente Mike Joyce fue reclutado como batería y el amigo de la infancia de Marr, Andy Rourke, para tocar el bajo.

El origen del nombre se basa en la historia del matrimonio formado por David Smith y Maureen Hindley, hermano menor de Myra Hindley, mujer de Ian Brady. Estos dos últimos abusaron y asesinaron a cinco menores entre 1963 y 1965 en Manchester y cercanías y los Smiths los delataron a la policía. Esta sería una explicación, sin embargo, Morrissey posteriormente dio un motivo más simple diciendo que la razón era porque "Smith" era el apellido más común que había y ya era hora de que la gente más corriente se reivindicara ante el mundo.


Uno de los rasgos característicos de la banda fue la utilización de imágenes de películas o fotos de iconos pop en las portadas de sus sencillos y álbumes. Otra es la gran carga poética de las letras firmadas por Morrissey, unas que van vestidas en ocasiones de refinado sarcasmo para hacer menos dolorosa tanta intensidad melodramática. Su particular modo de cantar alargando muchas veces las notas y utilizando el falsete también sentará cátedra, al igual que la inconfundible manera de tocar la guitarra de Johnny Marr. 

El origen humilde de sus componentes chocaba frontalmente con la ideología gubernamental británica ochentera, con una ultra-liberal y conservadora Margaret Thatcher enquistada en el poder, si pasó a la historia como  "La Dama de Hierro" por algo sería, y una monarquía que ni por ética ni estética tampoco era de su agrado. Este entorno social también se filtró en pasajes de la lírica de Morrissey.

En un paisaje musical británico donde reinaba el post-punk y el synth-pop los THE SMITHS se rebelaron como los grandes reivindicadores del pop más guitarrero, colocando el estilo jangle-pop en la órbita de los subgéneros del rock más relevantes. Fueron también la primera banda "indie", casi antes de que se acuñara el término, que lo petó a lo grande, editando toda su discografía con el sello londinense independiente Rough Trade Records.

La composición se la repartían Morrissey en la letra y Marr en la música, con contribuciones ocasionales de Rourke en las líneas de bajo.

Ahora sí, llegamos a la obra cumbre de los THE SMITHS con su tercer álbum de estudio The Queen is Dead, publicado en junio de 1986 y la icónica portada protagonizada por el actor Alain Delon perteneciente a la película francesa L'Insoumis (1964).

Por esos tiempos la banda ya daba señales de desgaste con una disputa legal con su discográfica que hace retrasar el lanzamiento del trabajo, Johnny Marr sufriendo el estrés causado por la agotadora agenda del grupo y Andy Rourke resultando expulsado temporalmente a principios de ese año por sus problemas con la heroína.
 
El álbum arranca con el corte titular y una intro con el sampler de la canción popular "Take Me Back to Dear Old Blighty" y su halo de patriotismo victoriano incoporado, escogida irónicamente para darse de bruces contra esos tambores, exaltadas guitarras e imperial línea de bajo, que abren este ataque a la yugular de la familia real británica. Se bajan las revoluciones de la escucha con la juguetona "Frankly, Mr. Shankly", aparentemente dedicada sin demasiado cariño al jefe de su discográfica Geoff Travis. Después vendrá el baladón "I Know it's over", una maravillosa oda al desamor que duele y deleita a partes iguales. Además con una de las mejores interpretaciones vocales de la carrera de Morrissey.

El fantasma de la soledad y la incomprensión flota sobre la lánguida y oscura "Never had no one ever" en claro contraste con la contigua "Cemetery Gates". Encantadora canción armada de un jangle-pop de altos vuelos dejándonos coger un respiro entre tanta angustia melodramática.
 
La cara B del álbum nos da la bienvenida con “Bigmouth Strikes Again”. La de veces que la bailé de jovenzuelo por ciertos garitos refinados, era empezar a escuchar esos rasgueos de guitarra acústica y volvernos locos. Morrissey en otro de sus ejercicios hiperbólicos llega a compararse con Juana de Arco. 

"The Boy with the Thorn in His Side" no es hermosa no, es divina. Johnny Marr haciendo lo que quiere con la guitarra, esos sutiles arreglos de cuerdas y los gorgoritos finales de Morrissey como guinda de un pastel todo el exquisito.