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miércoles, 23 de noviembre de 2022

The Prodigy, 25 años del salvaje "The Fat Of The Land"


El pasado 30 de junio The Fat Of The Land (XL Recordings, 1997) cumplió 25 años. Estamos en la segunda mitad de los 90, cuando las dos corrientes musicales dominantes en los últimos años, el grunge en Estados Unidos y el brit pop en Gran Bretaña, agonizaban. Mientras las propuestas electrónicas de gente como Björk, Massive Attack, The Chemical Brothers o Fatboy Slim se erigían como alternativas consolidadas, la banda británica PRODIGY preparaba en la sombra una obra maestra con su tercer disco de estudio, el rompedor y provocador The Fat Of The Land. La polémica estaba servida desde el minuto 0 con un título que provenía de una cita de uno de los discursos del líder militar nazi, Hermann Göring.

Dos años antes de que viera la luz otro pilar de la escena electrónica mundial, el Play del norteamericano Moby, la formación capitaneada por Liam Howlett preparaba algunas novedades respecto a las anteriores referencias. Añadía el “The” ante el nombre del grupo “Prodigy” y lo más importante, el que hasta entonces ejercía de bailarín y poco más, Keith Flint, tristemente desaparecido en 2019 a los 49 años, pasaba en ese momento a interpretar 4 de los cortes y a co-escribir 3, entre ellos 2 de los singles. Además con su look y su actitud se convertiría en imagen oficial de la banda. El resto del cuarteto se completaba con el cantante Maxim Reality y el bailarín Leeroy Thornhill.


Prepárate para entrar en una fiesta rave donde no pararás de brincar ni queriendo, con esa estimulante fusión entre big beat, electro-punk, techno-industrial y la madre que les parió ya que estamos ante una brutalidad con unos niveles de sugestión salvaje sonora nunca superados. Un disco que rompió las listas en todo el mundo y que originó que a partir de entonces a Liam Howlett se lo empezaran a rifar gente como Madonna, David Bowie o los U2, a todos dijo que no. THE PRODIGY iban por libre, indomables, sólo así se puede entender haber concebido esa criatura perversa hecho disco.

Arrancamos con "Smack my bitch up", un puñetazo sobre la mesa, con pétrea base dance, salvajes loops y gruesos ritmos big-beat. La escueta letra consiste simplemente en la polémica frase <<Change my pitch up / Smack my bitch up" Cambia mi tono / Golpea a mi perra>>, sacada del tema "Give the drummer some" de los Ultramagnetic MCs, publicado originariamente en 1989. Además, la pista contiene, entre otros samples, uno del tema de principios de los 70's "Funky Man" de Kool And The Gang y otro del "In Memory Of" de 1963 por Randy Weston, conformando la cimentación del tema, una buena muestra de cómo Liam Howlett domina el arte del sampleado. Destaca también el interludio hipnótico de tintes orientales a cargo de la cantante Shahin Badar que consigue con su contribución el momento más plácido del corte, aunque poco a poco se retornará a la inicial dureza rítmica de la canción. "Smack my bitch up" fue el tercer y último single del álbum. Más polémico que la canción aún fue el videoclip, si bien el tema ya había sido calificado de misógeno, a éste se añadía un soporte visual donde se observa a una persona cometer todo tipo de abusos yendo hasta arriba de alcohol y drogas, con un comportamiento ultra-violento y protagonizando escenas de sexo. Cuando se descubre la identidad del protagonista, ojo que  viene spoiler: resulta ser una mujer. 


Llega lo que fue segundo single del álbum, "Breathe". Sin tiempo material para recuperar el cuerpo tropezamos con otro tema para poner la casa boca abajo. Su abrasiva introducción pronto deja paso a un sonido sucio, frenético y con durillas bases de percusión donde Keith Flint y Maxim Reality protagonizan un sonado enfrentamiento vocal. Puede palparse la tensión y el dramatismo que ambienta toda la escucha. Con "Breathe" el grupo encamina la electrónica hacia terrenos antes reservados únicamente al rock, con una aureola muy industrial, convirtiéndolo en el hit con mayor repercusión en la carrera de los de Essex.

La contuntente "Diesel power" contiene la colaboración del rapero Kool Keith. Los PRODIGY siempre tuvieron cierta atracción por el hip hop y aquí lo manifiestan una vez más, permitiéndole emplearse a fondo con una pesada base electrónica de acompañamiento. Esta vez las revoluciones bajan y estamos ante un tema más detallista que utiliza un sample de percusión del tema de 1976 "The Fuz and Da Boog" de Fuzzy Haskins, dándole un toquecito funky a la canción.

"Funky shit" es uno de los temas más bailables del álbum. Estamos ante una auténtica bomba rítmica de cinco minutos en la que el Sr. Howlett demuestra porque THE PRODIGY son sin duda los putos amos del big beat de los 90, con permiso de The Chemical Brothers, claro. La escasa letra de la canción, este <<oh my god, that's the funky shit!>> está sampleada del corte de los Beastie Boys de 1995 "Root down". Curiosamente fue con este grupo con el que tuvieron la famosa polémica en el Reading Festival de 1998 a propósito del "Smack my bitch up": los Beastie Boys les pidieron que no la tocaran por ofensiva a lo que los británicos hicieron caso omiso e incluso se recrearon en su interpretación.

Con "Serial thrilla" llega uno de los momentos más punk del álbum, cortesía de Keith Flint, que estaba dispuesto a ganarse todo el protagonismo que no tuvo en los anteriores discos del grupo. Aquí pone sobre la parrilla su lado más agresivo con un fondo de contundentes guitarras que tienen como base un sample del tema "Selling Jesus" de Skun Anansie. De hecho, su cantante Skin está acreditada en el tema. A este fondo punk se unen unos penetrantes loops, scratchings y ruiditos varios, creando una atmósfera oscura y áspera.

La segunda mitad del álbum se abre con "Mindfields", una pista con carácter más experimental y espacial. Aquí la escasa parte vocal corre a cargo de Maxim Reality, que firma el tema junto con Howlett creando un ambiente desapacible, con un gancho muy efectivo en ese misterioso riff que se repite constantemente y que proviene del tema de John Barry "Hip's tip" de la banda sonora de la peli de James Bond de 1974 "El hombre de la pistola de oro".

"Narayan" es la más top entre las grandes composiciones calidoscópicas que contiene este discazo. Howlett sigue en su vena más inquieta y como fruto le sale una auténtica obra de orfebrería electrónica. Se extiende hasta los nueve minutos abriéndose con unas sinuosas líneas de sintetizador que ayudan a potenciar el misterioso ambiente de la canción. Tras este comienzo se lanza una batería de ritmos big beat creando un ambiente vertiginoso, como si estuviéramos corriendo escapando de alguien. Mientras tanto se apunta a la fiesta el cantante de los Kula Shaker, Crispian Mills. Hacia la mitad del tema hay un break que se asemeja a un mantra oriental, relajando por unos momentos la intensidad de la canción. Será un espejismo, enseguida volveremos a la carga. Hacia el minuto 7 parece que esta vez si que concluye pero se vuelve a reavivar para acabar con todo hasta el final. No sin antes pasar por otros pequeños breaks de por medio, una brutalidad de tema que, pese a su extensión, no afloja en ningún momento. 

El primer avance del álbum fue "Firestarter", presentación en sociedad del nuevo rol en la banda de Keith Flint, pasando de ser mero figurante a parte fundamental de la misma. Estamos ante un tema que podríamos considerar sin problemas una de las cimas de esta electrónica hardcore y poco amable que proyectaron los THE PRODIGY. Su abrasivo sonido punk conseguiría que un grupo techno fuera visto con buenos ojos hasta por los hinchas del metal, como muestra la canción sería versionada por grupos como SEPULTURA o KISS. Entre los samples utilizados tenemos elementos del tema de 1993 "SOS" de The Breeders y el famoso grito "hey" del tema "Close (to the edit)" de los The Art Of Noise. Contaría con un impactante vídeo en blanco y negro donde Flint se debate entre la piromanía y la pura locura. Fue un exitazo mundial, disparando la popularidad de la banda con el Sr. Flint como cara visible de la misma.

"Climbatize" sirve de laboratorio para ir probando nuevos sonidos jugando con una potente línea de abajo a la que se le van añadiendo diferentes capas de sintetizador, alternándose pasajes más rítmicos con otros más oníricos. Hacia el final del tema Howlett vuelve a recurrir a su simpatía por los ambientes orientales. Otra perla que demuestra que en ese momento el nivel de inspiración de Liam no tenía techo.

Cerramos el repaso al histórico álbum The Fat Of The Land de los THE PRODIGY con una versión en clave kraut-rock de la canción de 1994 "Fuel my fire" del grupo L7. Esta reinterpretación cuenta con Keith Flint acompañado de Saffron, la que fuera vocalista del grupo Republica. El disco se liquida con un tema acelerado lleno de guitarras afiladas y actitud punk a mansalva, envuelto por revoltosos sintes. 

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