En el avión era impresionante lo que se alcanzaba a ver por la ventanilla, se estaba haciendo de noche y en el horizonte solo había hielo y unas luces azul-verdosas que trazaban la linea de unión entre el cielo y el mar.
A pesar del frío que te abofeteaba en la cara nada más salir del aeropuerto, era curioso observar las cálidas y pícaras sonrisas con las que eramos recibidos. Nos daban un calor y una bienvenida que ya provocaba excitación de la que hay más allá de los muros del aeropuerto de Reikiavik. Islandia, un país joven con una gran tradición en música experimental, conserva las raíces que caracterizan la música islandesa, dando ese toque minimista que crea un explosión de emociones y sentimientos al escucharla, como si de una combinación de música ambiental, sonidos techno, house y dance se tratase.

