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miércoles, 20 de enero de 2016

DAVID BOWIE inmortal, "Blackstar" (Columbia Records,16)

Después de 10 años desde su anterior trabajo discográfico y habiendo dado señales casi de haber abandonado su carrera musical, su retorno a través del excelente The Next Day (Columbia Records, 13) fue tan sorprendente como ilusionante.

Tras su primer ataque al corazón en el 2004 (ahora se ha sabido que le siguieron unos cuantos más) ya nada fue lo mismo para David Robert Jones, las limitaciones físicas fueron adueñándose de su cuerpo y de su ánimo. Todo y con esto su vuelta nos confirmó que, a nivel de inspiración, se encontraba en plena forma. 

Dos años después nos llega Blackstar (Columbia Records, 16), el enésimo experimento hacia nuevas sonoridades del Duque Blanco. Se rodea de una pedazo banda de jazz y de su inseparable Toni Visconti a la producción, junto a Ken ScottBrian Eno uno de los grandes puntales de su carrera, para dar otra vuelta de tuerca a la misma.

Hasta aquí todo inmejorable; nos encontramos como siempre a un David Bowie inspirador y arriesgado, pero todos sabemos que hay un factor que altera el producto sobremanera. Aunque cueste asimilarlo ya no se encuentra entre nosotros, al menos físicamente. Su fallecimiento, tres días después de cumplir 69 años a la par que veía la luz su 25 trabajo de estudio Blackstar; y el contenido lúgubre del mismo, tanto instrumental como líricamente, envuelve el momento en una aureola épica, a la altura de una figura principal en la historia de la música moderna.


"Blackstar", la canción, junto a "Lazarus", nos anticipaban tanto visualmente como con sus versos encriptados el fatal desenlace, aunque no fuésemos conscientes de ello y nos concentrásemos a flipar en colores con lo que veíamos y escuchábamos a través de sus clips.

El primer corte fraccionado en dos, en un principio más sombrío, con esa voz ahogada a modo de lamento ejerciendo de un instrumento más y esa base ligeramente electrónica agrandándolo hasta que entra la melódica segunda parte, que nos permite respirar apenas, hasta que se diluye poseída por la primera.

El otro avance "Lazarus", grandiosa, espectral, manteniéndote durante sus seis minutos de duración entre el desasosiego y la placidez, y ese saxo...

Un saxo que tantos momentos de gloria ha disfrutado en su carrera, omnipresente durante casi todo Blackstar (destacadísimo tanto en la citada "Lazarus" como en  "Tis a Pity She Was a Whore" y "Dollar Days"); junto a la batería protagonista, en ocasiones dulce, en otras sobre-excitada emulando ritmos electrónicos como en la sorprendente "Tis a Pity She Was a Whore" o en la hiperactiva "Sue (Or In a Season of Crime)".

"Girl Loves Me" es su último guiño al Bowie más díscolo antes del adiós definitivo con las maravillosas "Dollar Days" y "I Can't Give Everything Away". Un dueto de temazos que van de la mano acompañándonos a modo de reconfortante condolencia.

Su voz se mantiene sin perder ni un ápice de textura, incluso me atrevería a decir que luce con más registros que nunca. Se hace evidente en momentos como en el "...away" insistente de "I Can't Give Everything Away"; eterno, infinito, pareciendo querer alargarnos la mano en un esfuerzo final por quedarse un ratito más antes de su partida.

Disfrútalo>




Una carrera inigualable, una vida apasionante que se apaga a la vez que se funde con su música de manera indestructible, esta vez a través de Lázaro, la enésima encarnación del genio.

La muerte le ha ganado la batalla pero no la guerra. David finalmente se erige vencedor al conseguir la inmortalidad a través de su legado, del cual seguiremos gozando hasta la saciedad.



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