JOAN COLOMO ya tiene séptimo álbum publicado con Disc Trist (BCore Disc, 2021). Su título lo dice todo, bueno, o no tanto. ¿Cómo es posible que un trabajo que se autodenomina de entrada "triste" puede dejarnos una media sonrisa de satisfacción rehabilitadora tras su escucha? Joan sigue con ese humor negro marca de la casa, una irreverencia rozando en ocasiones el surrealismo y evidente habilidad para vestirlo con certeras melodías. Este último aspecto alcanza la cima en su carrera con Disc Trist, un prólogo más diez canciones rebosantes de una exquisitez pop inusitada.
JOAN COLOMO nos muestra la realidad del mundo que nos ha tocado vivir con toda su crudeza, sin paños calientes, pero a la vez su agudeza e ingenio provoca que encontremos suficientes argumentos como para agarrarnos a la esperanza, o al menos sobrellevarlo dignamente.
"Proleg" abre el álbum de manera lánguida, con un trio vaporoso formado por sintes, voz y coros. Sedosamente nos da paso a "Cançó animada" (videoclip a pie de página), samplers de sus hijas cantando incluidos. Con ella nos viene la presentación del contenido del álbum: <<Volia escriure una cançó animada / que transmetés una visió optimista / Però en comptes de tot això, aprofito aquesta ocasió per dir-vos de manera insistent: que tot va una mica malament / Volia aprofitar aquest incís per donar un missatge clar i concís: potser el futur serà millor, però a curt termini sembla que no.>> (Quería escribir una canción animada / que transmitiera una visión optimista / Pero en lugar de eso, aprovecho esta ocasión para deciros de manera insistente: que todo va un poco mal / Quería aprovechar este inciso para dar un mensaje claro y conciso: tal el futuro será mejor, pero a corto plazo parece que no).
En este trabajo estilísticamente nos encontramos ante un pop globalmente de sintetizadores y con fuerte carga melódica, como demuestra claramente "En un món paral.lel". Tambien esa ironía que lleva de serie Joan con versos como: <<El món que ens ha tocat viure està molt bé, és com un viatge d'LSD. Una distòpia en temps real, una anada d’olla d’un fals documental. És molt engrescador sentir els analistes al teu televisor. I jo només vull marxar si és que puc parar de vomitar.>> (El mundo que nos ha tocado vivir está muy bien, es como un viaje de LSD. Una distopía en tiempo real, una ida de olla de un falso documental. Es muy estimulante sentir los analistas a tu televisor. Y yo sólo quiero marchar si es que puedo parar de vomitar). Tras la segunda aparición de su etéreo estribillo, hacia el ecuador del tema, aparece un puente bien revelador del desbordante talento compositivo de JOAN COLOMO y de la cuidada producción de este trabajo. Una pandilla de Oompa Loompas parece haberse colado en el disco con "Salvem el planeta!". La autodestrucción de la humanidad resulta menos traumática con estos ritmos trepidantes y aureola a videojuego 8 bits. No puedo dejar de compartir un pellizco de su delirante lírica: <<Salvem l’arròs negre i el mar. Salvem les festes de saló. Salvem tots els balls regionals. Salvem la crema de contenidors.>> (Salvemos el arroz negro y el mar. Salvemos las fiestas de salón. Salvemos todos los bailes regionales. Salvemos la quema de contenedores).
La sugestiva "Himne de la melangia" ahonda en el apocalipsis pero esta vez a modo de morfina de efectos instantáneos. Su dulce desarrollo resulta balsámico, con efectos consoladores, también en su alegato final: <<Dubtes i no trobes cap resposta, quin és el sentit d’aquesta vida quan tot l’aire que respires és extremadament efímer. Mai no perdis l’esperança, malgrat aquesta malastrugança. Per sentir una mica d’alegria canta l’himne de la melangia.>> (Dudas y no encuentras ninguna respuesta, cuál es el sentido de esta vida cuando todo el aire que respiras es extremadamente efímero. Nunca pierdas la esperanza, a pesar de esta mala suerte. Para sentir un poco de alegría canta el himno de la melancolía).

Hay dos cortes en el trabajo en los que JOAN COLOMO habla en primera persona mostrando sin tapujos sus imperfecciones y fobias, son respectivamente "Currículum" y "Cançó de la por". En la primera, la más breve sin contar el prólogo, confesándose un desastre absoluto. Un loser que, a pesar de ello, es capaz de dejarnos la boca abierta con su brutal clarividencia, como con ese cambio hacia el minuto y veinte segundos, pura magia. En la segunda, con esos sugerentes coros a modo de eco o reafirmación de sus sentencias y unos gruesos sintes que se van intercalando con otros más livianos, adornando una cadenciosa base electrónica que convierte al corte incluso en bailable.