Siguenos en Facebook  Síguenos en Twitter  Siguenos en YouTube  Siguenos en Blogger  Siguenos en por RSS

viernes, 10 de diciembre de 2021

MARIA RODÉS Y LA ESTRELLA DE DAVID - "Contigo" (Elefant Records, 2021)


Amor, desamor, humor... Si sigo con vocablos acabados en "mor" podría llegar al "tumor", y como que no 😉. Ahora totalmente en serio, este matrimonio de conveniencia sonora que es el formado por MARIA RODÉS Y LA ESTRELLA DE DAVID revolotean alrededor de las tres primeras palabras que arrancaban estas líneas para dar como fruto el encantador Contigo (Elefant Records, 2021). 

Con la impecable y personalísima producción de Sergio Pérez (MUJERES, JOE CREPÚSCULO, LOS PUNSETES...), bajo el manto de ritmos bluegrass, country-folk y tex-mex, el dueto va desplegando una complicidad exquisita para ir narrando un romance como los de antes, tal como expone el primer verso de su corte inicial, "Hacer el amor":  <<Quiero un amor que me obligue a rendirme, quiero ese calor que no da la pasión. Y no sé si eso existe, lo que tenga que ser que sea contigo al lado. Yo quiero un amor antiguo y no me importa ahora mismo si pido demasiado>>. Y es que lo que el banjo y la pedal-steel ha unido, que no lo separe el hombre. Una canción que es pura caricia.

Con "Lo que venga ya vendrá" se aviva un pelín la cadencia hillbilly para que Maria nos confiese que <<después de tantos años de revolotear He encontrado un nido en el que me quiero quedar contigo mucho tiempo, aunque me va a costar, pues soy un alma errante y nunca encuentro mi lugar>>. Ya se adivina que sostener esta relación no será tarea fácil.

Foto de Sergio Albert

La historia del idilio amoroso no se cuenta totalmente cronológicamente como demuestra la apesadumbrada "Viernes". David Rodríguez le pone voz a una despedida a contra corazón, una retirada tan amarga como inevitable. En cualquier momento parece que tenga que aparecer un mariachi para consolarle o rematarle del todo, eso ya va a gustos.

"Un mundo ideal" es maravillosa, nos viene de perlas para recuperar el ánimo y de qué manera. Unos trémolos de mandolina nos hacen derretir del gusto, al igual que le sucede a su protagonista dentro del sueño. Quién sabe, quizás al despertar se haga realidad al modo final feliz de Aladdín.

Con "Venga va" nos ponemos de vuelta de tiernos, en un momento de la relación que, al igual que esta canción, no querríamos que acabara nunca. Esas mariposillas en el estómago, ese primer beso, esos tembleques de piernas. Un corte precioso, como la dulce "Eres". Declaración de amor en toda regla, sin filtros ni titubeos. Maria, el violín y la guitarra eléctrica se montan un trio mágico mientras el resto de la instrumentación van lanzando pétalos de rosa al aire.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

40 años del "Architecture and Morality", la ascensión de OMD

Juana de Arco, la conocida como "Doncella de Orleans", nació hacia 1412 en el pueblo de Domrémy (Región de Lorena, Francia). De origen humilde y campesino resulta fascinante ver el ascenso de una joven que cambió el destino no solo de Francia en la Guerra de los Cien Años, sino de Europa entera, con sus actos bélicos, su fuerza y tesón. Su fuerte fervor religioso la guió para liberar del yugo inglés al pueblo de Francia. Otros ingleses, más de cinco siglos después, también lograron su "ascensión" particular gracias, en parte, a la heroína francesa. Pero vamos por partes.

El 11 de septiembre del 1975 en el Empire Theatre de Liverpool actuaban KRAFTWERK en un concierto a la postre con escasa asistencia de público. Entre el respetable estaban Paul Humphreys y Andy McCluskey, un par de músicos locales que habían desarrollado su amistad gracias al amor compartido por los pioneros alemanes del synth-pop. Aunque ambos habían tocado en varias bandas de rock tradicionales, la atracción de los paisajes sonoros industriales y minimalistas de los germanos los llevó a tomar una dirección diferente, con la electrónica como base.

Ya como ORCHESTRAL MANOEUVERS IN THE DARK (OMD) uno de sus conciertos lo dieron en el Factory Club de Manchester, donde llamaron la atención de Tony Wilson de Factory Records así como la de su tocaya Carol Wilson. Aunque reconoció el potencial de OMD, Wilson sintió que Factory no tenía ni el alcance ni las finanzas para apoyar lo que él consideraba un gran éxito en ciernes. Los firmó sólo para lanzar su single debut "Electricity" en 1979, para ponerlos en el mercado y así llamar la atención de las principales discográficas.

Cuando los grandes sellos comenzaron a acercarse a la banda, OMD firmó en cambio con el recién establecido sello Dindisc de Carol Wilson, propiedad de Virgin Records, sintiendo que les daría la libertad artística de una banda independiente, pero la seguridad financiera de una importante.

Tras la publicación en 1980 de dos álbumes con sólo ocho meses de diferencia, su carrera continuaba ganando impulso. Andy y Paul, esta vez en formato cuarteto junto al baterista Malcolm Holmes y el saxofonista Martin Cooper, ingresaron en el estudio a finales de aquel trepidante año para esculpir su tercer trabajo, con la dosis óptima de confianza y libertad que les permitiera ampliar sus horizontes, tanto sonora como líricamente.

La casualidad fue protagonista esencial para entender el cambio de dirección de la banda, en forma de petición a Paul por parte de un amigo, y antiguo miembro de la banda, de que le prestara el estudio. Necesitaba pasar un tiempo allí para trabajar en un proyecto que consistía en grabar un coro y crear formas alternativas de usarlo. Como pago le ofreció copias de las muestras, las cuales Humphreys utilizó como base y comenzó a construir paisajes sonoros y canciones a partir de ellas. La fusión de los arreglos corales con melodías pop comerciales y sonidos poco convencionales no sólo le dio seriedad a las referencias históricas y oscuras de sus letras, sino que también le dio una profundidad y dimensión extraordinaria a su música.

Tenemos por un lado los loops vocales heredados del amigo de Paul; por otro la influencia manifiesta de KRAFTWERK y BRIAN ENO; las ganas por encontrar el equilibrio entre lo comercial y lo experimental; el diferenciarse entre lo que se estaba cociendo en aquella época; más un profundo sentido de la espiritualidad y el misticismo. Lo agitamos bien fuerte y wualá, nos sale un Architecture and Morality (1981), su álbum más inspirado y uno de los estandartes de los ochenta.

El álbum, publicado el 8 de noviembre, arranca con "The New Stone Age", la pieza  más singular con respecto al resto del álbum y posiblemente también con lo que habían hecho hasta entonces OMD. Jugaron al despiste, confundiendo al personal con que la nueva dirección de la banda iba abocada hacia terrenos más viscerales. Con esos afilados rasgueos guitarreros, inquietantes sintes y Andy desgañitándose, más que cantando.

"She’s Leaving", cuyo título fue un homenaje a "She's Leaving Home" de sus paisanos THE BEATLES, recupera un sonido más de acorde con lo que la banda nos tenía acostumbrados. Unos luminosos sintes  enmarcan un agridulce corte con madera de single, de hecho Dindisc lo quería así pero OMD se negó, alegando que estarían exprimiendo demasiado el álbum al sacar un cuarto single.

Con "Souvenir" (videoclip insertado a pie de página) llega el primer momento cumbre de Architecture and Morality y uno de los hits mayúsculos de su carrera.  Melancólica como ella sola, dejando asomar por primera vez los loops vocales "prestados" que mencionábamos al principio del artículo y que tan importantes serán en el transcurso del álbum. Con esa inolvidable armonía al sintetizador que será gran protagonista tanto en la entrada como cogiendo el testigo también en el estribillo. Que fuera cantada por Paul en vez de por Andy también le da un toque de peculiaridad añadido a este himno synth-pop.

"Sealand" es sosiego, inquietud, pero también osadía, con sus casi ocho minutos ambientales. Lleva el nombre de la base de la RAF en la península del Wirral (noroeste de Inglaterra), aunque la canción en sí trata sobre una refinería de petróleo. La decisión de nombrarlo "Sealand" surgió puramente de la imagen que el nombre evocaba como el lugar de encuentro perfecto entre la tierra y el mar. La pista se desarrolla a un ritmo pausado inspirado en Eno, con base percutora aliándose con una melodía preciosista de sintes junto al mellotron. Hasta que la voz de Andy, similar a un mantra, irrumpe hacia los seis minutos. Otra maravilla, arriesgando y ganando.