De los trepidantes cinco años en los que DEPRESIÓN SONORA ha dado sobradas muestras de su embriagador talento los últimos tres le han servido, entre conciertos y publicaciones varias, para ir encajando las piezas de su nuevo trabajo, Los Perros no Entienden Internet (...Y Yo no Entiendo de Sentimientos) (Sonido Muchacho, 2025). Marcos Crespo reflexiona durante 12 canciones sobre el sentido de la vida y el encare más saludable de la misma a través de la convivencia con su perro Lucas.
El álbum se abre, no podía ser de otra manera, con La balada de los perros. Presentación inmejorable con esas referencias conceptuales en su lírica, melodía dulzona y sugestiva combinación entre guitarra y cachivaches electrónicos, esto último seña de identidad del vallecano.
Recuperamos el tempo post-punk trepidante más reconocible del artista con la monumental línea de bajo de "Sin volverme loco" mientras se intenta domar la existencia rebajando las revoluciones del día a día, una de las grandes motivaciones del disco.
El juguetón jangle-pop de "La ley del pobre" viste vestigios románticos debatiéndose entre lo melancólico y lo lujurioso: <<Si pienso en tu olor se me pone dura, solo tengo este recuerdo y no me consuela>>.
"Guárdame este secreto" es un delicado medio tiempo con unos sintes evocadores rematando el estribillo inyectando embrujo a un corte que oposita seriamente a ser, recreándome en su título, uno de los "secretos mejor guardados" del álbum.
Llegamos a uno de himnos de la carrera de DEPRESIÓN SONORA con la reflexiva "Domingo químico". Su pegada es incontestable con ese lapidario estribillo doblado, me niego a despegarlo del puente, en el que desemboca una estrofa ya de por sí brillante. El break hacia su ecuador sumado al mostruario de sintes me acaban de rematar del gusto.
La cadenciosa oscurilla de "No te hables mal" nos lleva hacia el sorpresivo interludio "Éxodo 32: 15-28", reversionando libremente el pasaje bíblico protagonizado por Moisés.
"Cómo será vivir en el campo" (videoclip insertado a pie de página) arranca la cara B del vinilo deslumbrando con esos estimulantes acordes guitarreros aliándose a las mil maravillas a los latidos inquietos de la caja de ritmos. El halo nostálgico pone el lazo de regalo a otro corte desarmante. No soltamos la morriña de tiempos pretéritos, seguiremos así un buen rato, que viene la fraternal "Desordenarlo todo" con conmovedores versos como: <<la vida adulta no me deja tranquilo, egoista expulsa a la gente cercana. Pero sigo con el mismo sueño, las mismas ojeras. Busco romper mi propia cadena>>.
Otro clásico instantáneo de Markusiano es la emotiva "Me va la vida en esto", con su demoledor estribillo y esa tierna grabación en cassette del artista de pequeño incluida en su parte final, fuente de inspiración para la composición de este nuevo hit.
Si antes hablaba de un secreto bien guardado quizás "Vacaciones para siempre" sea su máximo exponente del disco y más teniendo en cuenta lo inexplicable de las flojas reproducciones en streaming. Estamos ante una de las canciones que más expanden la propuesta de Marcos con una épica sosegada pero firme que alcanza el summum con los coros infantiles de su ocaso. Me atrevo a pronosticar que la frase del título será seguro bien voceada en directo, originando uno de los momentos cumbres en los conciertos.
Uno de los álbumes del año se cierra con el sentenciador epílogo acústico "Qué pena que nos vayamos a olvidar".
Gózalo con Los Perros no Entienden Internet (...Y Yo no Entiendo de Sentimientos) de DEPRESIÓN SONORA>


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