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miércoles, 1 de diciembre de 2021

40 años del "Architecture and Morality", la ascensión de OMD

Juana de Arco, la conocida como "Doncella de Orleans", nació hacia 1412 en el pueblo de Domrémy (Región de Lorena, Francia). De origen humilde y campesino resulta fascinante ver el ascenso de una joven que cambió el destino no solo de Francia en la Guerra de los Cien Años, sino de Europa entera, con sus actos bélicos, su fuerza y tesón. Su fuerte fervor religioso la guió para liberar del yugo inglés al pueblo de Francia. Otros ingleses, más de cinco siglos después, también lograron su "ascensión" particular gracias, en parte, a la heroína francesa. Pero vamos por partes.

El 11 de septiembre del 1975 en el Empire Theatre de Liverpool actuaban KRAFTWERK en un concierto a la postre con escasa asistencia de público. Entre el respetable estaban Paul Humphreys y Andy McCluskey, un par de músicos locales que habían desarrollado su amistad gracias al amor compartido por los pioneros alemanes del synth-pop. Aunque ambos habían tocado en varias bandas de rock tradicionales, la atracción de los paisajes sonoros industriales y minimalistas de los germanos los llevó a tomar una dirección diferente, con la electrónica como base.

Ya como ORCHESTRAL MANOEUVERS IN THE DARK (OMD) uno de sus conciertos lo dieron en el Factory Club de Manchester, donde llamaron la atención de Tony Wilson de Factory Records así como la de su tocaya Carol Wilson. Aunque reconoció el potencial de OMD, Wilson sintió que Factory no tenía ni el alcance ni las finanzas para apoyar lo que él consideraba un gran éxito en ciernes. Los firmó sólo para lanzar su single debut "Electricity" en 1979, para ponerlos en el mercado y así llamar la atención de las principales discográficas.

Cuando los grandes sellos comenzaron a acercarse a la banda, OMD firmó en cambio con el recién establecido sello Dindisc de Carol Wilson, propiedad de Virgin Records, sintiendo que les daría la libertad artística de una banda independiente, pero la seguridad financiera de una importante.

Tras la publicación en 1980 de dos álbumes con sólo ocho meses de diferencia, su carrera continuaba ganando impulso. Andy y Paul, esta vez en formato cuarteto junto al baterista Malcolm Holmes y el saxofonista Martin Cooper, ingresaron en el estudio a finales de aquel trepidante año para esculpir su tercer trabajo, con la dosis óptima de confianza y libertad que les permitiera ampliar sus horizontes, tanto sonora como líricamente.

La casualidad fue protagonista esencial para entender el cambio de dirección de la banda, en forma de petición a Paul por parte de un amigo, y antiguo miembro de la banda, de que le prestara el estudio. Necesitaba pasar un tiempo allí para trabajar en un proyecto que consistía en grabar un coro y crear formas alternativas de usarlo. Como pago le ofreció copias de las muestras, las cuales Humphreys utilizó como base y comenzó a construir paisajes sonoros y canciones a partir de ellas. La fusión de los arreglos corales con melodías pop comerciales y sonidos poco convencionales no sólo le dio seriedad a las referencias históricas y oscuras de sus letras, sino que también le dio una profundidad y dimensión extraordinaria a su música.

Tenemos por un lado los loops vocales heredados del amigo de Paul; por otro la influencia manifiesta de KRAFTWERK y BRIAN ENO; las ganas por encontrar el equilibrio entre lo comercial y lo experimental; el diferenciarse entre lo que se estaba cociendo en aquella época; más un profundo sentido de la espiritualidad y el misticismo. Lo agitamos bien fuerte y wualá, nos sale un Architecture and Morality (1981), su álbum más inspirado y uno de los estandartes de los ochenta.

El álbum, publicado el 8 de noviembre, arranca con "The New Stone Age", la pieza  más singular con respecto al resto del álbum y posiblemente también con lo que habían hecho hasta entonces OMD. Jugaron al despiste, confundiendo al personal con que la nueva dirección de la banda iba abocada hacia terrenos más viscerales. Con esos afilados rasgueos guitarreros, inquietantes sintes y Andy desgañitándose, más que cantando.

"She’s Leaving", cuyo título fue un homenaje a "She's Leaving Home" de sus paisanos THE BEATLES, recupera un sonido más de acorde con lo que la banda nos tenía acostumbrados. Unos luminosos sintes  enmarcan un agridulce corte con madera de single, de hecho Dindisc lo quería así pero OMD se negó, alegando que estarían exprimiendo demasiado el álbum al sacar un cuarto single.

Con "Souvenir" (videoclip insertado a pie de página) llega el primer momento cumbre de Architecture and Morality y uno de los hits mayúsculos de su carrera.  Melancólica como ella sola, dejando asomar por primera vez los loops vocales "prestados" que mencionábamos al principio del artículo y que tan importantes serán en el transcurso del álbum. Con esa inolvidable armonía al sintetizador que será gran protagonista tanto en la entrada como cogiendo el testigo también en el estribillo. Que fuera cantada por Paul en vez de por Andy también le da un toque de peculiaridad añadido a este himno synth-pop.

"Sealand" es sosiego, inquietud, pero también osadía, con sus casi ocho minutos ambientales. Lleva el nombre de la base de la RAF en la península del Wirral (noroeste de Inglaterra), aunque la canción en sí trata sobre una refinería de petróleo. La decisión de nombrarlo "Sealand" surgió puramente de la imagen que el nombre evocaba como el lugar de encuentro perfecto entre la tierra y el mar. La pista se desarrolla a un ritmo pausado inspirado en Eno, con base percutora aliándose con una melodía preciosista de sintes junto al mellotron. Hasta que la voz de Andy, similar a un mantra, irrumpe hacia los seis minutos. Otra maravilla, arriesgando y ganando.

martes, 30 de noviembre de 2021

WOLF ALICE - "Blue Weekend" (Dirty Hit, 2021)

Según el polifacético intelectual alemán Goethe (1749-1832) el color azul es el de la tranquilidad, el más pasivo, por ello se le asocia a aquellos sentimientos que pueden derivarse, como la tristeza. Pues bien, Blue Weekend (Dirty Hit, 2021) sería algo así como un fin de semana a la postre sin demasiadas expectativas, más bien soporífero, pero quizás, quién sabe, si se le puede dar la vuelta. El nuevo álbum de los británicos WOLF ALICE,  oseasé Ellie Rowsell (voz, guitarra), Theo Ellis (bajo) y Joel Amey (batería, voz), contiene mucho de esas emociones poco reconfortantes, pero también le dan una oportunidad al inconformismo, a la resiliencia. 

Consolidada ya como una de las bandas referentes del rock alternativo actual han grabado el disco en Bruselas con Markus Dravs (Arcade Fire, Björk, Brian Eno, Florence + The Machine) como productor. Como resultado, un trabajo globalmente más sosegado que sus anteriores referencias, My Love is Cool (2015) y Visions of a Life (2017), ganador del Mercury Prize al disco del año.

Blue Weekend se presenta de manera simétrica, arrancando y finiquitando con una canción desdoblada, "The Beach". Un corte con clara vocación de intro y una evolución in crescendo, una amistad que se siente perjudicada, debatiéndose entre la nostalgia y el aciago presente, todo con la playa como idílico marco, como queriendo con ese paisaje conciliar el ambiente.
 
Con "Delicious Things" la cosa empieza a ponerse seria, con las vivencias experimentadas en Los Ángeles como excusa, el cuarteto se marca una pieza épica. La más extensa del conjunto con sus cinco minutos estelares. Lánguida, con toquecitos psicodélicos en la estrofa y un enorme puente avanzadilla de los fuegos artificiales en forma de estribillo. Ese break hacia el ecuador del tema y luego Ellie como rapeando sutilmente antes de volver a la carga con todo. ¡Uff, bravo!


Seguimos a tope de inspiración con la estimulante "Lipstick On The Glass" y la voz de Ellie en plan estelar. Una trifulca contigo mismo cuando la indecisión se apodera de tus miedos, armado de una etérea estrofa adornados con esos punteos guitarreros. Hasta que sobreviene el determinante estribillo y luego el tramo final con todo, despidiendo otro corte sensacional de WOLF ALICE.

Blue Weekend entre tanta atmósfera bucólica contiene dos trallazos marca de la casa. El primero la contestatariamente brutal "Smile", con ese bajo funkillo, guitarras desbocadas, batería galopante y sintes centelleantes. El cambio hacia el segunto minuto, con el bajo ejerciendo de martillo percutor, es de traca.

Después de la tormenta viene la calma con el momento folk del álbum. El tratamiento de las voces en la agridulce "Safe From Heartbreak (If You Never Fall In Love)" es fantástico, con Ellie actuando a manera de coro de ella misma durante todo el corte, en compañía únicamente de unos arpegios a la guitarra acústica. En su ocaso noto a faltar unas palmas acompañando la a capella, seguro que esto se solventa en sus conciertos.

Seguimos por derroteros sosegados con "How Can I Make It Ok?", al menos en sus momentos iniciales, luego ya será otra cosa. Dudas existenciales se alían con otro desarrollo de corte arrebatador de los londinenses y unos sintes que se sentirán cómodamente protagonistas. Aunque a partir del segundo minuto, lo que era un tema muy dominado por los mismos, va mutando hacia sabores más folk-rock, para rematar en terrenos neo-psicodélicos

WOLF ALICE sacan a pasear su lado más salvaje con "Play The Greatest Hits", un puñetazo en la boca, con su estrofa punk y un estribillo que se culmina con la migaja justa de melodía como para reconocerlos.

La sensual "Feeling Myself" suena de entrada a añeja, nos sorprende ese órgano hammond, pero aún más su evolución, como cuando llega el estribillo espacial. Luego el tema muta hacia el trip-hop, una locura.

"The Last Man on Earth" es el baladón del disco, el "Space Oddity" de WOLF ALICE. Primero con voz y piano, reposada hasta el segundo minuto. Luego con el resto de la banda como preparando lo que nos pasará por encima. En el tercer minuto aparecen en escena por un instante los Beatles del "Sargent Peppers", y la cosa sigue animándose más y más hasta desembocar en unos plácidos últimos 30 segundos en los que sabes que ya regresado a casa tras, posiblemente, el viaje de tu vida. Como condenados a la auto-extinción que está el ser humano, canciones como esta podrían hacernos reflexionar de que aún nos pudiera quedar esperanza.