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| Foto de Marta Alborés |
El cambio de rumbo de "Cineclube" en su minuto final es de aquellas cosas que confirman que PORTOSANTO pueden hacer lo que les de la gana y dejarnos ojipláticos del gusto.
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| Foto de Marta Alborés |
El cambio de rumbo de "Cineclube" en su minuto final es de aquellas cosas que confirman que PORTOSANTO pueden hacer lo que les de la gana y dejarnos ojipláticos del gusto.
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| Foto de Pau Codina |
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| Foto: Álex Ortega |
Durante tres décadas Florent Muñoz ha sido, y ahí sigue, parte fundamental de la historia viva del indie patrio como guitarrista y responsable, junto con Jota, de los himnos de LOS PLANETAS. Paralelo a su banda matriz y al otro proyecto conjunto de LOS PILOTOS el granadino ahora debuta en solitario como FLORENT Y YO y un disco homónimo (El Volcán Música, 2023) dónde, además de al mando de las composiciones, se atreve poniendo la garganta.
Diez canciones pop-rock que de tan luminosas directamente deslumbran, con aires psicodélicos y cierto guiño a musica beat de la primera mitad de los 60s.
Abre el melón el nostálgico himno "Aquí paz y gloria" que fuera primer single avance del disco, con una lírica que aglutina el mensaje del álbum como en su estribillo, acompañando esos centelleantes sintes: <<Voy buscando la salida, voy calle para arriba, no quiero penas, quiero alegrías, y dibujar un corazón, para siempre te acuerdes... de mí>> La resiliencia como mejor bote salvavidas.

ANNA ANDREU ya tiene segundo álbum de su carrera en solitario con La Mida (Hidden Track Records, 2022). Si en el espléndido Els Mals Costums (2020), Anna desviaba su pasado country-folk como co-líder de CÁLIDO HOME hacia la canción de autor mediterránea, con cierto apego al pop y regusto lo-fi; ahora le inyecta más ingravidez aún a su propuesta con la incorporación de texturas electrónicas y un mayor peso de los sintetizadores.
Según el polifacético intelectual alemán Goethe (1749-1832) el color azul es el de la tranquilidad, el más pasivo, por ello se le asocia a aquellos sentimientos que pueden derivarse, como la tristeza. Pues bien, Blue Weekend (Dirty Hit, 2021) sería algo así como un fin de semana a la postre sin demasiadas expectativas, más bien soporífero, pero quizás, quién sabe, si se le puede dar la vuelta. El nuevo álbum de los británicos WOLF ALICE, oseasé Ellie Rowsell (voz, guitarra), Theo Ellis (bajo) y Joel Amey (batería, voz), contiene mucho de esas emociones poco reconfortantes, pero también le dan una oportunidad al inconformismo, a la resiliencia.
Consolidada ya como una de las bandas referentes del rock alternativo actual han grabado el disco en Bruselas con Markus Dravs (Arcade Fire, Björk, Brian Eno, Florence + The Machine) como productor. Como resultado, un trabajo globalmente más sosegado que sus anteriores referencias, My Love is Cool (2015) y Visions of a Life (2017), ganador del Mercury Prize al disco del año.
Blue Weekend entre tanta atmósfera bucólica contiene dos trallazos marca de la casa. El primero la contestatariamente brutal "Smile", con ese bajo funkillo, guitarras desbocadas, batería galopante y sintes centelleantes. El cambio hacia el segunto minuto, con el bajo ejerciendo de martillo percutor, es de traca.
Después de la tormenta viene la calma con el momento folk del álbum. El tratamiento de las voces en la agridulce "Safe From Heartbreak (If You Never Fall In Love)" es fantástico, con Ellie actuando a manera de coro de ella misma durante todo el corte, en compañía únicamente de unos arpegios a la guitarra acústica. En su ocaso noto a faltar unas palmas acompañando la a capella, seguro que esto se solventa en sus conciertos.
Seguimos por derroteros sosegados con "How Can I Make It Ok?", al menos en sus momentos iniciales, luego ya será otra cosa. Dudas existenciales se alían con otro desarrollo de corte arrebatador de los londinenses y unos sintes que se sentirán cómodamente protagonistas. Aunque a partir del segundo minuto, lo que era un tema muy dominado por los mismos, va mutando hacia sabores más folk-rock, para rematar en terrenos neo-psicodélicos.
WOLF ALICE sacan a pasear su lado más salvaje con "Play The Greatest Hits", un puñetazo en la boca, con su estrofa punk y un estribillo que se culmina con la migaja justa de melodía como para reconocerlos.
La sensual "Feeling Myself" suena de entrada a añeja, nos sorprende ese órgano hammond, pero aún más su evolución, como cuando llega el estribillo espacial. Luego el tema muta hacia el trip-hop, una locura.
"The Last Man on Earth" es el baladón del disco, el "Space Oddity" de WOLF ALICE. Primero con voz y piano, reposada hasta el segundo minuto. Luego con el resto de la banda como preparando lo que nos pasará por encima. En el tercer minuto aparecen en escena por un instante los Beatles del "Sargent Peppers", y la cosa sigue animándose más y más hasta desembocar en unos plácidos últimos 30 segundos en los que sabes que ya regresado a casa tras, posiblemente, el viaje de tu vida. Como condenados a la auto-extinción que está el ser humano, canciones como esta podrían hacernos reflexionar de que aún nos pudiera quedar esperanza.
Ramón Rodríguez (voz, guitarra), Pep Masiques (bajo) Adam Vives y Capi a las guitarras, Marc Prats a los teclados y Antonio Postius a la batería, vuelven a la carga. Nueve meses después del lanzamiento de Eternity Mingled With The Sea (BCore, 2021) su espléndido álbum retorno tras 14 años de no publicar un larga duración, presentan un segundo trabajo, el no menos estupendo In the Cold Season (BCore, 2021). MADEE retoman la fórmula ganadora exhibida en sus más recientes trabajos, con el poeta y fotógrafo de Seattle Mark Swanson a cargo de las letras.
Lo comenté en la reseña del "Eternity Mingled..." y no puedo dejar de volver a mencionarlo, la variación con la banda del registro vocal de Ramón Rodríguez en relación a su proyecto personal The New Raemon. Es algo así como un chute de rejuvenecimiento, mutando un mayor comedimiento en enérgico y jovial desmelene, una versatilidad que reclama la contundencia rítmica del grupo.
En MADEE el bajo se siente muy protagonista como se muestra por ejemplo en el tridente inicial de In the Cold Season. El poder de director de orquesta exhibido en "Drinking Wine from a Paper Cup", con riff incluido en "Ghost Town Living" y haciendo palpitar profundamente a "Deception Pass". El primer corte se manifiesta como un nostálgico medio tiempo, bien cadencioso en su evolución; el segundo, inquietante y arrebatador a partes iguales, abrazando una oscuridad que se irá manifestando durante varios pasajes del trabajo; el tercero, un ejercicio de introspección al cobijo de deliciosas notas, con una guitarra y unos sintes recuperando terreno, mostrándose ya definitivos. Su parte final es de aquellos momentos en los que te quedarías habitando una buena temporada.
Llega el tema titular "In the Cold Season" y un piano que aunque lo intente no puede apaciguar el desasosiego que se respira, con un Ramón luciéndose bien a la voz, una voz que observamos en este álbum, dicho sea de paso, en su máximo apogeo.
La sinuosa "Longing", con una estrofa intensa y extensa, puente rompedor y un estribillo que más que existir se desvanece, conduciéndonos a la reflexiva "Remains to Be Seen". Espléndida, de disfrute inmediato, con una melódica estrofa que contrasta con su enérgico estribillo. El piano en el puente parece ejercer de paso fronterizo hacia la crudeza sonora.