From the Sea (autoeditado, 2018) es el octavo álbum de estudio de A QUIET MAN (Fabio Vega), artista residente en Sant Carles de la Ràpita (Terres de l'Ebre -Tarragona-). Ciudad costera bañada por el Mediterráneo, compañero en su vida diaria y ahora también cómplice descarado a la hora de la gestación de su nuevo trabajo. Desde su título, su portada, las continuas referencias en su contenido... todo respira a brisa marina.
Esta vez Fabio parece haber recogido la experiencia acumulada con los flashes electrónicos contenidos en sus anteriores álbumes y decididamente optar por darles mayor protagonismo. La evidencia la tenemos desde el imperial arranque "Drowned", nos atrevemos a calificarlo como uno de los momentos cumbres en la carrera del músico. Desgarradora y embriagadora a partes iguales; sorprendente para el seguidor del hasta ahora descrito como "crooner del siglo XXI", y que muta, como por arte de magia, a virtuoso artista electrónico. Sus más de siete minutos de duración, también mostrando un cambio en la rutina compositiva del artista, contienen como plus una majestuosa orquestración que acentua la épica hasta convertirla en una pieza sublime.
Seguimos subiditos de tono con los dos siguientes temas; "The Hooker" y la languidez de su melodía habitando entre flujos y sudores; "Waves", un inesperado y adictivo synth-pop, con grandes posibilidades para el baile en su interior.
Nos ponemos menos carnales a la vez que nos sobreviene la dulzura a ritmo de bossa-nova con "I Want You", una preciosa plegaria por la supervivencia de un amor que parece herido de muerte. Permanecemos nostálgicos con "Empty Boat (in an empty room)", con unos ensoñadores giros arabescos y una arrebatadora deriva instrumental en su segunda mitad que provoca que no queramos que el corte acabe nunca jamás.
Nos ponemos menos carnales a la vez que nos sobreviene la dulzura a ritmo de bossa-nova con "I Want You", una preciosa plegaria por la supervivencia de un amor que parece herido de muerte. Permanecemos nostálgicos con "Empty Boat (in an empty room)", con unos ensoñadores giros arabescos y una arrebatadora deriva instrumental en su segunda mitad que provoca que no queramos que el corte acabe nunca jamás.

