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lunes, 29 de octubre de 2018

ALBERT PLA y RAÜL REFREE - "Miedo" (2018)

ALBERT PLA se encuentra de gira estatal presentando el espectáculo Miedo. Con música de RAÜL REFREE y sus letras, dirigido por Pepe Miravete y con la colaboración decisiva artistica de los Mondongo (Juliana Lafitte y Manuel Mendanha) y del estudio Nueveojos a los visuales.

La banda sonora de esta especie de musical gore tiene ya formato discográfico, por si mismo con tanta personalidad y poderío, que funciona de manera altamente satisfactoria también fuera de su hábitat teatral.

El título no da lugar a dudas, el miedo es hilo conductor, omnipresente en lo cotidiano, en pequeñas dosis o a raudales incontrolables. Así se muestra en este trabajo ya desde su macabra apertura "Entierro"; con ese niño enterrado vivo que por mucho que se esfuerce no puede hacer oír sus lamentos: <<...qué fuerte lloran los vivos que no escuchan ni a los muertos...>> La colaboración vocal de Rocío Márquez pone el resto, una maravilla.

"Muerto" reza las bondades de haberla palmado a través de una épica pieza, lo cual abre una puerta a la esperanza de perder esa innata animadversión del ser humano a aceptar su condición de perecedero. 

El karma pasa factura y sus consecuencias en forma de espectros visitantes asoman la cabeza en "A por mi", mientras que la dulzura de "Bailando", tema compuesto por Judit Farrés, nos recuerda que quizás a quién debemos tener más terror es a uno mismo.

"Muñeca", uno de los cortes más espeluznantes si cabe, otra vez con un niño como protagonista y sus miedos ante la aparición de una tercera persona entre la relación de sus padres, concluyendo que lo mejor sería matarla antes de que ella se cargue la unidad familiar.



"Calaveras", pese a su título, es el remanso de paz del álbum, una delicada pieza instrumental que nos permite coger aire ante tanto horror. Aprovecha sus cuatro minutos que vienen curvas.

El folk minimalista de la desternillante "Ratón" nos muestra el lado oscuro del Ratoncito Pérez. Parece evidente que NO recomendamos este disco a la audiencia infantil, aunque esta sea su mayor protagonista, pero esta canción junto con las siguientes "Circo" y "Parque" aún menos. Vamos a evitar que los más pequeños de la casa sufran pesadillas por culpa de uno de sus personajes más queridos y dos de los lugares en donde más se divierten. ALBERT PLA eres malo, malote.

Cerrando Miedo tenemos la gamberra y pomposa "Dejadme", contrastando con la sencillez acústica de "Adiós mamá". Una tierna despedida que nos recompone tras haber pasado por una experiencia tan tétrica y sombría como esta.

martes, 23 de octubre de 2018

SUEDE - "The Blue Hour" (Warner Music, 2018)


SUEDE están gozando de una segunda juventud después del parón compositivo que les durara cerca de once años (2002-2013). Sus nuevos álbumes Bloodsports (2013), Night Toughts (2016) y el que cierra con broche de oro la trilogía, The Blue Hour (Warner Music, 2018), así lo certifican.

Estamos ante un trabajo inquietante, contestatario, oscuro en el talante y deslumbrante en su desarrollo. Brett Anderson se pone en la piel de un niño, inspirándose en su propio hijo, a la hora de tejer un aparente hilo argumental en medio de la distópica realidad que le rodea. El resultado, una obra monumental, con fuerte carga sinfónica, acentuada si cabe con la presencia en su metraje de la Orquesta Filarmónica de Praga. 

The Blue Hour necesita una escucha pausada, relajada, un espacio íntimo para el desconecte. Desde su inicio con la lúgubre neoclásica "As One" y  unos coros que, tanto te abruman, como te hielan la sangre, dando paso a uno de los cortes más identificables como marca de la casa, el medio tiempo "Wastelands". La dulzura de "Mistress" se fusiona con la majestuosa "Beyond the Outskirts", una de las cumbres emotivas del trabajo y me atrevería a decir de la carrera de SUEDE.

En The Blue Hour nos topamos con tres interludios; el primero, el menos convencional como tal, "Chalk Circles", con esos coros marciales, robustas guitarras y la voz de Brett como punto de encuentro. Más adelante, la inquietante "Roadkill", con exótico giro arabesco incluido; y "Dead Bird", escueta conversación entre padre e hijo mientras el primero entierra un pájaro, quizás el mismo pájaro muerto que sirviera meses atrás como imagen anunciación del álbum.


Una de las dos excepciones del conjunto que imaginas brincándolas en un concierto sería "Cold Hands", demostrando que el quinteto británico tiene reservas de energía y empuje para rato. Pero es un espejismo, enseguida aparece "Life is Golden" (videoclip al final del post) y con ella vuelve la sensación de conmoción y de odisea, maravillosa.