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viernes, 20 de febrero de 2015

Las hadas bailan techno en el SONAR REIKIAVIK 2015 (12-13-14FEB)

En la tarde del 12 de Febrero aterrizábamos en Reikiavik, la capital islandesa en donde se dio cita la tercera edición del festival de música SONAR, y como no, Música Crónica no podía faltar.

En el avión era impresionante lo que se alcanzaba a ver por la ventanilla, se estaba haciendo de noche y en el horizonte solo había hielo y unas luces azul-verdosas que trazaban la linea de unión entre el cielo y el mar.

A pesar del frío que te abofeteaba en la cara nada más salir del aeropuerto, era curioso observar las cálidas y pícaras sonrisas con las que eramos recibidos. Nos daban un calor y una bienvenida que ya provocaba excitación de la que hay más allá de los muros del aeropuerto de Reikiavik. Islandia, un país joven con una gran tradición en música experimental, conserva las raíces que caracterizan la música islandesa, dando ese toque minimista que crea un explosión de emociones y sentimientos al escucharla, como si de una combinación de música ambiental, sonidos techno, house y dance se tratase.

Edificio Harpa
Tras la llegada al hotel, el momento se acercaba, era hora de conocer la sede del Sonar 2015, el "Harpa", un impresionante edifico diseñado por la firma danesa Henning Larsen Architects que preside la bahía de la capital de una forma imponente.

Después de recoger orgullosos nuestros pases de prensa y una vez más ser tratados de forma exquisita por la organización, nos dirigimos hacia el primer acto de la noche.

Steindor Jonsson
Nos recibía Steindor Jonsson en el Sonar Pub, el joven dj local y residente del famoso Club Hurra ya estaba mezclando sus sonidos house y soul. Sus mezclas no fueron muy espectaculares y el volumen de la música era bastante tranquilo ante un público recién llegado que tenía ganas de calentarse del frió islandés, pero supo llenar bien con sus ritmos el precioso espacio abierto del Pub del Harpa. Promete este joven dj que esperamos ver seguro pronto en la escena berlinesa o ibicenca, seguramente esta segunda vaya más con su estilo.

Sin Fang era nuestra primera y verdadera elección del jueves. El proyecto más experimental del músico islandés Sindri Már Sigfússon abrió para nosotros el Sonar Club, la sala principal del festival, algo pequeña teniendo en cuenta las enormes dimensiones del recinto, pero con una acústica impecable. 

Los islandeses se salieron, estuvieron geniales, con una formación eso si muy peculiar, solo dos baterías y dos teclados. Un bonito juego de voces entre Sindri y la teclista, con unos sonidos muy ambientales que van del indie al folk y toques algo electrónicos. Suenan algo más comerciales que sus paisanos Sigur Rós pero puede que con el tiempo lleguen a consagrarse tanto o más que ellos en la escena internacional, también debido a sus letras en inglés. A destacar también sus efectos visuales mezclados con videos que representaban muy bien su música y los espacios naturales del país.

Sin Fang
Samaris recogían el testigo de sus paisanos en el Sonar Club. Uno de los grupos para mi más esperados del cartel y quizás la banda con más progresión internacional del momento de la escena musical islandesa. Parece que al final ha llegado su año y se están empezando a hacer notar más en festivales y salas de todo el mundo.

El trió islandés salio al escenario guardando las distancias tanto con el publico como entre ellos mismos, el escenario se les parecía quedar grande pero poco a poco fueron llenando la sala con sus sonidos electrónicos y a medio tiempo. A pesar de una simple composición de voz, electrónica y clarinete, los islandeses suenan perfectos y describen a la perfección lo que representa el Sonar, que es innovación y experimentación. Me dejaron con muchas ganas de volver a verlos en una actuación más larga que no sea un festival y donde puedan desplegar toda su calidad. Samaris demostraron que a veces la sencillez puede ser muy grande y les bastó con unos sonidos muy minimalistas y sutiles para enamorar al público.

Samaris
El momento estelar del jueves lo pondría Todd Terje, otra vez en el Sonar Club. El productor y dj noruego se llevó la merecida medalla de oro a la actuación del festival compartida con Skrillex. Una vez más en esta primera noche, el sonido en el Sonar Club era bastante bajo en cuanto a volumen. Pero fue seguramente Todd Terje el que mejor haya hecho bailar al público en todo el festival.

Sacó su mejor repertorio, gran parte de su disco “It's album time” que para mi es uno de los mejores albums del 2014. Unos sonidos disco muy retro, combinados con despuntes de funk a veces que suenan muy a los 70' y 80'. “Oh Joy” y “Delorean Dynamite” sonaban a la vez que un coche Delorean recorría carreteras infinitas en la pantalla gigante del escenario. A medida que la sesión pasaba esa pantalla se convirtió en una gigante bola de baile que protagonizó el final del set y la parte más disco y bailable del escandinavo, que se atrevió a finalizar su repertorio con “I Wanna Dance With Somebody (Who Loves Me)” de Whitney Houston, como decimos en mi pueblo, ¡con un par Todd!

Todd Terje
La jornada del viernes empezaba temprano, en parte debido a que el jueves había sido una noche tranquila, los locales de la capital islandesa cierran demasiado pronto entre semana y tocó irse a dormir a pesar de las ganas de trasnochar.

Para empezar vimos a Darkfeatures en el Sonar Club. Los islandeses abrían la fría noche del viernes así precisamente, fríos y algo decepcionantes. Tenía muchas esperanzas puestas en ellos por lo que venía escuchando de su últimos trabajos pero quizás la temprana hora, quizás las escasas 20 personas del público presente o quizás que el evento se les quedaba grande, no supieron ser fieles a los que ellos mejor hacen.

Darkfeatures
Eso si, la voz de su cantante es espectacular, mezclando melodías soul que a veces dejaban toques brasileños de bossa nova y tocando la guitarra electro acústica con unos punteos muy latinos. Los demás componentes cumplen un papel algo secundario excepto el bajista que también ayuda con los coros. La numerosa percusión no llego a entrar del todo en faena, con tres miembros tocando los timbales algo a destiempo donde a veces parecía más un ensayo que un concierto. Les tendremos que dar otra oportunidad.

Young Karin
Día nuevo y sala nueva, y nuevo estilo musical. Young Karin, otro grupo local, inauguraban el Sonar Hall y lo hacían de una forma muy contundente. El duo acompañado de un tercer miembro en esta actuación nos mostró su parte más pop con toques de hip hop y esa voz tan dulce de su cantante Karin Sveinsdóttir. Quizás era un grupo que podía desentonar con el sonar viendo el cartel pero supieron estar muy bien y a la altura y no defraudaron al bastante púbico que fue a verlos a tan temprana hora.

Del Hall nos íbamos otra vez al Club para ver a Fufanu, para mi una de las revelaciones del festival. Fue uno de los grupos más rock que vimos pasar por el Harpa. Su impresionante sonido punk y por fin, ver más de dos guitarras en un escenario del Sonar, nos sorprendió a todos. Inigualable la vitalidad de su cantante que parecía sacado de un bar de Manchester en los años '90, distorsiones y sonidos oscuros retumbaban en el Club.

Quizás no sean el mejor ejemplo de música islandesa pero ojala abran un camino para esta música en el país porque es unos de los grupos que estarán arriba y en boca de todos muy pronto.

Fufanu
Le iba a dar ahora una oportunidad a mi parte más macarra, lo tenía que hacer. Ben & Croax nos invitaban por primera vez el SonarLab. La mayor sorpresa del festival personalmente, tanto musicalmente como la sala. No me imaginaba que estaría bailando drum and bass en un parking subterráneo de Reikiavik, a las 9 de la noche, a 4 grados bajo cero y aún asi sin sudar. Los líderes de este movimiento musical en Islandia nos hicieron entrar en calor a los pocos presentes que nos dimos cita en ese agujero negro que se llamaba Sonar Lab. Mucha potencia y ni un momento de respiro tuvo su repertorio. Desde luego que fue la mejor forma de empezar el viernes noche.

Ben & Croax
Volvíamos a subir dos plantas del Harpa para ver a Prins Póló en el Sonar Club. El islandés y su banda reventaron el Sonar Club y disfrutaron del horario de los grandes en el escenario principal. Mucha gente se congregó para verlos ya que eran uno de los grupos locales de más peso en el cartel.

Con un pop-folk electrónico muy pegadizo, donde todas las letras son en islandés, nos sorprendieron a los que menos les conocíamos. Desplegaron muchísima fuerza en especial su miembro principal y cantante, pasando de la guitarra a la percusión entre canción y canción. Un sonido muy delicado y a la vez bastante bailable con guitarras muy dinámicas. Recuerdo como mejor momento la canción final “Tipp Topp” que debe ser uno de sus himnos en sus directos ya que la gente la sintió y cantó especialmente.

Les auguro un gran futuro aunque quizás el no cantar en inglés les cierre alguna puerta, pero sus ritmos guitarreros y sintes ambientales invitan a bailar y a reír a cualquiera.

Prins Póló
Llegaba uno de mis momentos esperados de todo el festival, del año, de mi vida quizás. Paul Kalkbrenner delante de mi.

Como si de un escritor o un actor de Hollywood se tratase, el berlines salía al escenario con una copa de vino en la mano, y no es que tenga nada en contra del vino, pero no era eso lo que necesitaba el alemán para entender las sensaciones de los presentes.

Una actuación algo decepcionante y donde podía haber dado más. Fue algo mas monótona y aburrida de lo normal. Así podríamos calificar la hora y media de sesión. Pudimos escuchar los ya hiper conocidos temas “Aaron”y “Sky and Sand” pero ni estos sonaron con tanta fuerza como en ocasiones anteriores. Una sesión muy plana con un techno bastante rácano dio la razón a la gente con la que pude hablar de él antes de la actuación “Siempre hace lo mismo”, “Es aburrido”, etc. Quizás sea ese el camino que quiera estar cogiendo Paul, pero nos quedamos con ganas de sentir ese bombo tan característico de sus directos y esa chispa que me ha hecho bailar tantas otras veces. Le daremos otra oportunidad ya que es uno de mis elegidos, pero hoy en día estos deslices en un festival de tal renombre se pueden pagar caros.

Para cerrar la noche del viernes, Thor nos volvió a bajar a las catacumbas del Harpa para vivir la primera madrugada del Sonar. El Sonar Lab presenciaba a uno de los dj más respetados del panorama islandés y de los más consagrados.

El lugar prefecto con con la música perfecta, la frialdad del aparcamiento subterráneo mientras sonaba el mejor techno hasta el momento, muy oscuro y sencillo como no podía ser menos en este país. Una hora de de minimal – deep house con algunos sonidos noventeros que dejaban ver las tablas del dj local en esto de hacer moverse al personal. Fue una hora que nos supo a poquísimo pero que remató el día más completo en el Sonar.

La última jornada de cualquier festival siempre tiene tintes melancólicos y el sábado no fue menos.

El frío se había cambiado por la lluvia y viento. Lo que ayer eran calles blancas cubiertas de nieve, esta noche eran caminos grises que solo llegaban a un lugar, a la orilla del mar donde nos íbamos a despedir del país “practicando nuestros mejores pasos” por última vez.

Asistimos a pocas actuaciones esa noche pero todas muy intensas. Tras un breve paso por el Sonar Pub, presenciamos el cambio a los mandos del Lab entre Daniel Miller y Exos. A ambos tenía muchas ganas de verlos y no defraudaron. Asi como de un duo se tratase, los dos mantuvieron un sonido muy minimal y potente, con toques funk y disco que nos hacían respirar un poco.

Y llegaba la hora del acto con mayúsculas del festival, de lo que la gente te hablaba en los pubs y cafes durante el día, era la hora de Skrillex. El artista americano aterrizaba por primera vez en Islandia para desplegar su impresionante espectáculo, de luces, sonido y porque no, él mismo, que era en sí parte del decorado y de la animación.

Skrillex
Es difícil definir su estilo, en la mayoría de sus momentos predominó el dubstep con constantes cambios de ritmo pero también toca el house de refilón y sus remezlcas son espectaculares, como "We are your friends" de Justice. Era algo escéptico en cuanto a ver su actuación pero sentía que debía asistir y creo que fue uno de los momentos del festival, ver a mas de 4000 personas ponerse prácticamente tumbadas en el suelo y saltar al ritmo de la música en medio de los increíbles lasers del Sonar Club. Ese, y el momento en que remezcló el tema principal de la banda sonora del Rey León, inolvidables. Sin duda merece ser visto en directo pero hay que ir bien preparado tanto antes para bailar , como después para aguantar las agujetas.

La madrugada del sábado ya solo nos dejaba un caramelo más, uno de los más dulces de todo el fin de semana antes de coger el tempranero vuelo del domingo. Pudimos asistir a uno de los clubs más prestigiosos y selectos de Europa, el Kaffibarinn, local regentado en parte por el cantante de BlurDamon Albarn. Subestimamos en un inicio el bar por el espacio reducido y por los horarios de apertura pero sabía que era uno de los mejores sitios de música electrónica en Europa. Quizás, y sorprendentemente para mi, haya sido de la mejor música que he escuchado en mi vida, Con anfitriones llenos de sonrisas y buena “vibra”, me sentí en casa, que es algo que se le da muy bien a los islandeses. Un local lleno de bellezas vikingas con una sonrisa permanente en sus caras. Ya había encontrado mi casita de Hadas, y no estaba en un bosque, estaba en la calle principal de Reikiavik.

Harpa
Como única nota triste del festival tuvimos que lamentar la cancelación de TV On The Radio de su actuación en el Sonar tras anunciar hace unas semanas el ingreso en un hospital de su batería. Esperemos que vuelva pronto a la carretera.

De este increíble viaje y experiencia me llevo conmigo uno de los mejores momentos de mi vida, lleno de excelente música y la mejor compañía con la que pude haber estado, mi amigo y ayudante en todo esto Jorge. 

Volveremos pronto Islandia, volveremos a por más sonrisas y más bailes, y será todavía mejor.


Takk Iceland!

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